Reflexión sobre el verano español. O no.

21 de septiembre, acaba estacionalmente el verano y hay que ser claros: una vez más, no hemos tenido un Verano Azul. No hay una versión de nuestro periodo estival con una banda sonora escrita por Carmelo Bernaola ni unos niños esbeltos y perfectamente ataviados para un verano de maravillosas aventuras. Muy a nuestro pesar, la gran parte del verano patrio es calor, sudor, ropa cutre pegada al cuerpo por la humedad y el salitre. El personal anhela abandonar el asfalto (o sus quehaceres habituales) por una promesa de libertad vestida de brisa marina. Lo que encontramos al apagar el ordenador y activar el “out of the office” es una carretera colapsada por algún veraneante con el motor quemado, llantos infantiles (el que tenga niños) e impaciencia en general por llegar a destino. ¿Por qué todos hemos sentido alguna vez lo insuficientes que son nuestras carreteras cuando llega el verano? En cualquier caso, hemos podido disfrutar de esos días en familia, amigos, pareja, o cada cual con sus circunstancias. Y eso es lo importante. Eso y no sucumbir completamente a la música comercial actual.

Una vez finalizado este brindis al verano, aprovecharé para hacer una breve radiografía de nuestro país en estas fechas, y es que en España estamos de enhorabuena. ¿Sí? ¿Lo dices por lo del Roland Garros de Alcaraz? ¿O por el 4x400m de las chicas en mayo? No, estamos de enhorabuena en el país de El Quijote por haber alcanzado, un año más, récord de turistas según datos de Dataestur:

No obstante, cuando este obstinado economista, desconfiado de cualquier dato que huela a oficial, revisa la tabla anterior, por si nuestros lectores no han caído en la cuenta, las barras proporcionan valores totales encontrando dentro los valores relativos, esto es, el crecimiento. Ahí podemos observar que la cifra porcentual empieza a reducirse por una sencilla razón: el turismo tiene una escala limitada, y más en un país en el que proporcionar facilidades para prosperar o, simplemente no poner impedimentos al progreso económico es profundamente impopular.

En España nuestros (mal llamados) gobernantes, han decidido que el turismo iba a ser el buque insignia patrio para dar de comer a nuestras familias. Así, desde la UE, Úrsula “Palpatin” Von der Leyen entre otros, nos han arrebatado la posibilidad de continuar con el exitoso proceso de industrialización en el que se embarcó España en la posguerra. Para el que no lo sepa, las actividades industriales son más propensas a la escala. El esfuerzo inversor es más concentrado, pero la alteración en las estructuras de un país es muy limitada. Véase el ejemplo de una fábrica de coches, que puede trabajar 24 horas, tiene un impacto en la región enorme y apenas ocupa un espacio irrisorio en un pueblo afortunado de tenerla, versus a el modelo de turismo que tenemos, donde las playas, puertos, y regiones costeras se ven abarrotadas de edificios, colapso en las vías, y conflictos medioambientales, la mayoría de ellos absurdos, creados para poder controlar políticamente lo incontrolable: una desbocada industria turística a la carrera.

Y es que aún recuerdo cuando en los textos del colegio (me tocó ser de la LOGSE), se adoctrinaba de manera muy clara en que un país próspero debía tener un sector agrario reducido, ligeramente superior sector industrial y un predominante sector servicios. Pura lógica, vaya. Esta manera de servitizar la economía real es lo mismo que vivir del aire. Y a esto se enfrentan los jóvenes, y no tan jóvenes ya, llamados a ser “la generación más formada de la historia” a los que se les ha adoctrinado en socialdemocracia y empiezan a despertar: salarios estancados, poder adquisitivo en declive y problemas reales creados por un estado mastodóntico y ultra regulado. Es un hecho que las últimas malogradas leyes educativas, en España se forma a nadie. Falta de comprensión lectora, predominancia del sentimiento sobre la razón y millones de víctimas infra formadas incapaces de enfrentarse a la realidad. El Estado ha creado un ecosistema de mediocres mentales con capacidades académicas aumentadas y habilidades limitadas para construir una vida digna.

El sistema educativo está perfectamente configurado para crear pobres indocumentados. Cuando la reflexión, la crítica y el debate han sido cancelados o etiquetados como delito de odio, se ha creado el caldo de cultivo ideal para inaugurar la era de la “salud mental” que no es más que incapacidad intelectual. El proceso cognitivo del ser humano exige enfrentarse a retos cuya dificultad va aumentando progresivamente y ha de ser necesariamente exigente, para poder conformar adultos válidos y capaces. Y así se ha perfeccionado un modelo económico y productivo fallido. Mientras tanto, el Estado, tan necesitado de borregos inoperantes, avanza implacable ante la falta de crítica y eximido de sus responsabilidades.

Volvamos a la cuestión de la configuración de los sectores productivos en España, y como cierre para este artículo, una reflexión: es perfectamente posible que este verano le haya atendido en esa cena con amigos en un restaurante a pie de playa un ingeniero superior titulado disfrazado de camarero. Y también es perfectamente posible que el que lo ha contratado no sepa lo que es una integral, una ecuación, o la mecánica de fluidos, porque ese es precisamente el ecosistema reinante.

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