Las plataformas musicales me piden que eche la vista atrás, que haga un recap del veinticinco, que me pregunte por qué formo parte de un ínfimo porcentaje de gente que escucha Bad Bunny, recuperar la broma musical de Papota, volver a revivir la madrugá… el deleite de mantener una relación duradera con ciertas canciones y con ciertos artistas.
Pero el cambio de año también es para mirar hacia delante. Empieza el 2026 y tenemos la suerte de que los venezolanos Rawayana canten en el primer corte de su nuevo disco “Un feliz año te desea Rawa / Y que, por fin, los hijueputas ya se vayan” y Trump no podía más que cumplir sus deseos, que era el deseo de muchos, y se ha fumado el puro del derecho internacional para coger al tirano y después llegar con las rebajas de la ilusión para recordarnos que seguimos con el mercadeo. Terminé con la fe de los domingos de la Rosalía y ahora no sabemos si veremos una nueva nochevieja.
Por eso, ahora que un mono con trastorno narcisista es quien maneja el timón, es tiempo de retomar a Santa Teresa y sus plegarias atendidas, desatar el desinhibido impulso de la ironía del deseo, anhelar la inmaculada belleza, habitar la gloria, la serenidad y la observación de la vida. Celebramos el hoy, el ahora, el relámpago que eriza nuestros pensamientos trascendiendo al tiempo porque ¿quién sabe lo que pasará mañana? Seguimos escuchando a Soda Stereo, a Dorian y a Charly ¿será este el año del after del after? aunque siempre preferí el “before”, ver todas las que pasan, contemplar el rito de la seducción.
Otros están murmurando, creyéndose más intelectuales por ver películas en blanco y negro con subtítulos…. mientras se desvanecen entre c*los, c*ños y t*tas, llenos de ruido para no escuchar el duro silencio del desaliento, sin poder desaparecer en el otro. Eres el indicio del único alimento para compartir el amor en papel, como si fuese nuestro último aliento.
Salud&Feliz Año Nuevo!
