Hoy vamos a hacer un viaje a una realidad en la que no subíamos stories, pero quedó escrita en nuestra historia. Todavía tenías tus CD favoritos. Puede que escucharas a El Canto del Loco, La Oreja de Van Gogh, Fito, Pereza, Amaral, Shakira (época Fijación oral), Melendi… Era la época de los CDs originales, de grabar canciones en discos vírgenes, de empezar a tener gustos propios. Y, ya más adelante, de aquel querido MP3 que llenábamos con canciones descargadas de Emule o Ares. (Yo todavía guardo el mío: eso sí es nostalgia).
Que, hablando de música… todavía recuerdo compartir con mi amiga Bea los politonos por infrarrojos o bluetooth. ¡Qué triunfo cuando funcionaba!
Por entonces bajabas a cualquier sitio de la ciudad con tus amigos y pasabas la tarde entre risas, y si estabas en casa, esperabas a que tus amigos se conectaran a Messenger para hablar, una plataforma que nos lo dio todo con sus nickname, que si viéramos ahora todos nos reiríamos del nuestro con cierta vergüenza, pero con esa sonrisa que se me está poniendo a mí al recordarlo. Además, claro, si tus coleguitas no te contestaban —o si querías tocarles un poco la moral— les mandabas unos cuantos zumbidos.
En nuestra era, las palabras se valoraban. Tanto, que se cobraban por palabra, por así decir, en los míticos SMS. Entonces, nos inventábamos abreviaciones de cariño para decir lo justo… y decirlo todo.
Por eso digo, volviendo ya de este viaje, con la tecnología de hoy en día lo tenemos todo, no nos falta de nada… ¿o sí? Yo creo que nos falta lo humano. Antes estábamos menos conectados, pero más unidos. Todo tenía más valor, y por eso, no es nostalgia barata de una época que fue mejor, sino que ahora, habiendo más, estamos más solos.
