Moliner y Neuman: conjunción brillante

Este año se celebran los 125 años del nacimiento de María Moliner. Esta mujer, original de Paniza (Zaragoza) marcó un hito en la Historia de la Lengua española. Entre los homenajes rendidos, merece la pena detenerse concretamente en uno. Uno en forma de libro.

“Hasta que empieza a brillar” es la última novela de Andrés Neuman, en la que, mediante un lenguaje preciso y precioso, mimado y cargado de musicalidad, nos invita a conocer la vasta vida de la aragonesa, desde su más tierna infancia hasta sus últimos días, en los que perdió la cohesión y conexión con las palabras, la capacidad de hablar.

Sentarse delante de Andrés Neuman para hablar sobre María Moliner me obliga a cuidar mucho las palabras, porque ambos saben y supieron, respectivamente, manejarlas de tal manera que las hacen brillar, dotarlas de luz propia para esplendor de los lectores.

A través de las páginas del libro, el escritor nos adentra en un viaje donde se mezcla la realidad vivida por María y la ficción, pero escrito de tal manera que no se sabe distinguir lo que es fábula de certeza. “Ésa era mi intención” comenta el autor.

Quizá, en cierta medida, existe un paralelismo en las vidas de María y Andrés. Ambos cayeron rendidos a la belleza de las palabras desde una edad bien temprana.

Tras una vida de idas y venidas, desdichas y alegrías, Moliner, a sus 50 años decide, repentinamente y para sorpresa de sus allegados, escribir un diccionario. Empezaban a brillar sus palabras mientras fuera, en el cielo de la calle Quijote, titilaban las estrellas. Quince años de su vida, con sus noches en vela, dedicados a escribir esta majestuosa obra que hoy se encuentra en muchos hogares españoles. Diez años ha pasado Andrés investigando y escribiendo sobre María Moliner.

Andrés hace hincapié en que el diccionario María Moliner “aparte de ser un monumento lingüístico, una obra de arte de la inteligencia, es también una obra literaria muy solapadamente autobiográfica. Es el diccionario más gozoso y digno de la lengua castellana”.

María, una mujer que cautiva, no sólo por su diccionario, periplos, sabiduría, inteligencia, carácter y vivencias; quizá ha ayudado a este enamoramiento la elegancia, fluidez, sutileza, la sintaxis y la elección en las palabras de Andrés Neuman para sentir y vivir de cerca a Moliner.

Tengo la sensación de que el estilo de Andrés a la hora de escribir este libro, aparte de estar colmado de prosa poética, describe, en cierta medida, el carácter de la Moliner. Subordinada, pero no mucho y porque no queda más remedio. Sencilla, que no simple, evidentemente (adverbio). Adversativa, con un pero inconformista en su mente dispuesto a ser vomitado cuando fuera preciso. Delicada, analítica, musical, plena de palabras de calidad y con calidez. Los puntos sobre las íes, y las íes griegas como copulativas para unir un sinfín de ideas y pensamientos imparables, inabarcables, arrolladores. Un terremoto de mujer que, en lugar de tambalear los cimientos lingüísticos, los fortalece, logrando que se sienta un amor indescriptible e infinito hacia la Lengua, las palabras, la Gramática, la Literatura, hacia ella y hacia Andrés Neuman.

“Hasta que empieza a brillar” está brillando. Palpitando.

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