Las bicicletas son para el verano, y los libros, también

Ya lo anunciaba Fernando Fernán Gómez en uno de sus libros: «Las bicicletas son para el verano», y ciertamente, a no ser que seas un apasionado del ciclismo, el arte del pedaleo apetece más en periodo estival. O, quizá, apetecía más cuando los veranos eran cálidos, que no asfixiantemente calurosos. Aquellos meses del no tan reciente ayer en los que todos los jóvenes cruzaban por las calles de los pueblos, costeros o rurales, sus silbidos tarareando el tema principal de la serie «Verano azul».

Y esta estación, aparte de azul y calurosa, invita a rodearse de libros. Desde pequeños, además de proponernos el sumergirnos en aquellas plomizas ‘Vacaciones Santillana’, muchos de nosotros mantuvimos o adquirimos el bendito hábito de la lectura veraniega. Colecciones de barcos de papel azules, naranjas y rojos; ‘Leo, leo’, sentirnos jóvenes castores por un día perdiéndonos por su biblioteca, ser de ‘Los Cinco’, o formar parte de la familia ‘Hollister’, o de las travesuras de ‘Celia’, ‘Manolito Gafotas’, o ‘Le petit Nicolás’, entre otros miles de títulos más. Así pasábamos algunas horas de aquellos interminables días, de esos eternos veranos en los que soñábamos y pedíamos ser inmediatamente adultos, sin imaginar que era el sueño más descabellado e insensato de todos. Los años en los que disfrutábamos de todo y de nada, y, especialmente, de aquellas aventuras y amigos en formato papel.

El hábito se mantiene, o al menos se intenta, y es por ello que sentimos esa ansiosa llamada durante las vacaciones, que nos incita a coger un libro y reposar su lectura como antídoto a la fugacidad de la vida, del día a día de la rutina.

Leer es uno de los verbos más bonitos para conjugar en un sulfuroso verano. Lecturas compartidas de manera improvisada entre amigas, a solas, en la montaña, playa, o el parque de la ciudad. El placer indescriptible que supone este atrevido acto, rebelde incluso en estos tiempos de pantallas infinitas, de abrir una portada y perderse entre las páginas interiores donde se mezclan múltiples sensaciones.

Avanza julio raudo y veloz, mientras tú, sosegadamente, disfrutas de esa lectura, lecturas, que llevas todo el año esperando devorar y que finalmente, en contra de tu anhelo, y queriendo echarle un pulso al dios Cronos, pretendes aspirar lentamente. Zambulléndote y buceando en profundidad cada página. Creyendo, ilusos nosotros, que así podremos alargar los atardeceres a la orilla del mar.

Una de las mejores herencias que podemos dejar, y que sorprendentemente en algunas familias se observa estos días, es el amor por la lectura.

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Popes80 – ¿Quiénes somos?

Estamos a favor de las armas, sobre todo de dos: pluma y cámara.
Si gritan fuego, corremos con gasolina, y si no sabes algo, te lo vamos a contar ¿El pop rock español? Sí, por supuesto, pero también la cultura, el humor, la actualidad, la política, y el análisis de lo que nos rodea a manos de los cronistas más prodigiosamente desquiciados. Itxu Díaz y Miguel Castellví, que trabajaron juntos en la fundación del diario The Objective como director y CFO respectivamente, cabalgan otra vez junto a un equipo de nuevos y antiguos colaboradores en esta refundación periodística alzada sobre los hombros de Popes80, que deja a su espalda 25 años de dedicación al pop rock español.
Periodismo musical y cultural, periodismo de autor y opinión, periodismo global, periodismo de mañana para una generación a la que ya no le interesa el periodismo, pero a la que tenemos pegada a la pantalla desde el primer día, porque Popes80 es… otra cosa.

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