España, una vez más, tras el anuncio del regreso de Amaia Montero a ‘La Oreja de Van Gogh’, se divide entre el arropamiento y la defensa acérrima a Leire, o la alegría y apoyo incondicional a la Montero.
🎶Amaia Montero vuelve a ser la voz de La Oreja de Van Gogh. Imágenes de su regreso al local de San Sebastián. 💫 https://t.co/anWxtt37Ns #AmaiaMontero #LaOrejaDeVanGogh #reencuentro #música #nostalgia pic.twitter.com/amnPsi3gFK
— popes80 (@popes80) October 15, 2025
La rubia de Irún, que esperaba en la playa con la carita empapada, tras una larga temporada alejada de los escenarios, que llegaran, no con rosas sino con una gira plagada de temas del ayer, de aquellos tiempos gloriosos que, en un arrebato de ansiada soledad, decidió abandonar. Pero se ha permitido decirle al miedo adiós y recupera así Amaia la época en la que paseaba con su gorro azul en bicicleta por el monte Urgull. Aquella jovencita que conseguía elevar miles de voces al unísono cantando sus canciones por toda la geografía española vuelve.
Con un beso de Judas en la mejilla y un “muchas gracias”, o tal vez ni eso, se ha marchado Leire del grupo al que ha dedicado, fielmente, diecisiete años de su vida. Capeando y esquivando comparativas, y demostrando, sin necesidad, pero con arrojo y decisión, que tiene una voz majestuosa e imponente, callando de este modo bocas y lenguas viperinas.
En estos tiempos en los que la lealtad se pone poco en práctica, es de loar la actitud de Leire, que ha demostrado ser una señora elegante y prudente, aunque entre las notas de sus pentagramas se haya desahogado y quitado esa espinita que, supongo, la hace penar por dentro. ‘La oreja de Van Gogh’, es posible, permanecerá en su memoria como el recuerdo aquel que bailó, y cantó, un rato con ella y se fue… O la empujaron a irse. Leire no es la niña que llora en las fiestas. Ella, imaginamos, con sus momentos altos y bajos, ha despegado y vuela alto, cual cometa en el cielo, en solitario. No le ha dado tiempo ni a resurgir de sus cenizas, porque no las ha habido. Quizá tristeza y decepción por cómo se ha roto todo, por el trato recibido de las personas por quienes apostó y que la han lanzado a la cuneta como a una muñeca de trapo.
Y, aunque nunca fue de ellos, pero sí fue y es de todos los españoles que amamos a ‘La oreja de Van Gogh’, y formará para de la historia de estos cantantes vascos. Sus canciones con ellos serán parte del legado musical de este país. Porque tu voz, querida, es inmortal. Ya vuelves a dibujar, crear, escribir con las yemas de tus dedos el primer día del resto de tu vida.
Ambas, Amaia y Leire, nos han brindado momentos formidables y nos han envuelto con su calidez y potencia. Es un regalo indescriptible para los amantes de la música poder disfrutar nuevamente de estas dos mujeres que pisan con fuerza y garra, que deleitan con la musicalidad y melodía de sus voces. Y en esa buena consideración y empatía que se presupone tenemos los humanos, aceptado y superado, más o menos, el grosero y cuestionable proceder de los de la banda hacia Leire, disfrutemos a partir de ahora de la buena música que este país nos ofrece. A fin de cuentas, escucharlas a las dos, cada una por su camino, es motivo de alegría. Mucha. Es, sencillamente, una dulce locura.
