Dos perfiles en un mismo medio

Aunque ambos temas coparon conversaciones, medios, portadas hace unas semanas, pero siguen siendo de imperiosa actualidad, y es por ello que me sirvo de estos para el artículo de hoy.

Las revoluciones surgieron en Instagram, como no podía ser de otra manera. Esta red social genera movimientos relevantes e impactantes que nos mantienen alerta y enganchados, además de quebraderos de cabeza a los que viven de “me gustas”, a causa de un tal algoritmo y otras rarezas; sin embargo, no conformes con tantas novedades, “teletiendas instragrameras”, consejos por doquier de cualquier índole… durante este último periodo, allá cuando el estío – ¡qué hastío- comenzaba a dar sus últimos coletazos, se desencadenó el tsunami digital. Los motivos que revolucionaron a todos los que usamos la mencionada aplicación fueron muy diferentes, y el origen, también. Los dos perfiles, uno más que otro, se hallan respaldados por un ejército de seguidores capaz de sacar las uñas por defender a su influencer de turno. Pero también tienen ‘haters’, y, de hecho, son parte fundamental en el desarrollo de parte de esta revolución.

Comienzo por ella, que suscita más pena y estupor, y siguen bombardeándola con comentarios motivados por sus declaraciones. Imagino que, a esta altura del texto, sabréis que la susodicha en cuestión es María Pombo. Sí, a pesar de su extensísimo patrimonio, sus reportajes, vida social e idílica, sus excentricidades, los tres millones y pico de seguidores y un largo etcétera, su testimonio alardeando de que no le gusta leer, me genera un profundo sentimiento de tristeza hacia ella. Sí, evidentemente, puede no gustarte leer, y no pasa nada; pero presumir de ello, querer demostrar una superioridad moral, o convencer de que tu decisión es óptima, denota una pobreza intelectual y cultural. Y, a pesar de todo, lo peor, quizá, no es eso, sino querer, erróneamente, vender el discurso de que los amantes de la lectura nos sentimos superiores. Podríamos, pero no es el caso, porque en los libros aprendemos, además de sumergirnos en historias y aventuras apasionantes, sobre temas diversos y sobre humildad. Sí, el leer también nos abre una ventana a la humildad y el respeto a quienes deciden, lamentablemente, no leer. Siento que, teniendo tantos seguidores, enarboles la bandera de la incultura; alzando ese “no pasa nada” (repito: claro que no, pero sí), entre tanta gente joven, empujándola, indirecta o directamente, a seguir tus pasos. Supongo que leer, para alguien que lo tiene todo, que hoy vive allí, mañana allá y pasado cruza el charco, debe ser aburrido, porque ella ya tiene su propio cuento de princesa. Y de esos barros, estos lodos donde se sumerge el ‘borreguismo’.

Pero entonces Instagram nos insufla esperanza y nos enseña la otra cara de la moneda. Y si el borreguismo eleva a la cúspide, inexplicablemente, a algunos perfiles, él lo deja todo para seguir a Dios y convertirse, tal vez, en pastor de ovejas, en mensajero, con sotana, de la Palabra de Dios.

Pablo Garna abandona las redes, para echar el día de mañana sus redes como pescador de hombres. Esta noticia, transmitida mediante un vídeo con el mar, la mar infinita del Señor, de fondo, con la voz entrecortada en algún momento, y los ojos vidriosos, nos sorprendía a todos sus seguidores. O no tanto. Emocionada di gracias a Dios por su grandeza, por su bondad ilimitada, por habernos permitido conocer a Pablo y seguirlo; porque este joven granadino ha ejercido su misión en redes, no sólo como un influencer, sino como evangelizador. En cada publicación de los domingos, en la sencillez mostrada en sus historias junto a su familia, en cada texto o foto del Sagrario, ahí estaba Pablo sembrando una semilla de paz, amor, esperanza y fe. Dejando ese mensaje del Dios bueno, el Dios que nos quiere, el Dios que muere crucificado para salvarnos. Pablo, sin aun saber que dejaría su vida acomodada, durante estos cuatro años como instagramer ha calado hondo en muchos corazones que hoy rezan y le desean lo mejor en su nuevo camino. Cuelga sus lujos para entregarse a una vida despojada de ellos y llena de sencillez y humildad. Dos perfiles muy diferentes, dos causas que causaron revuelo en un mismo medio. Las dos caras de la moneda y de la vida.

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