Cada treinta minutos, un servidor descarga mapas de calor del tráfico aéreo mundial y compara cuántos jets de altos ejecutivos están en el aire con los que debería haber para ese momento del día, esa hora de la semana, esa época del año, basándose en estadísticas anteriores. Si el número es demasiado alto, el sistema sube un nivel de alerta y anuncia la inminencia de un peligro real global, un apocalipsis. Se llama Apocalypse Early Warning System y lo ha desarrollado Kyle McDonald, artista y programador canadiense con historial en proyectos de net art y análisis de datos masivos.
Según el monitoreo realizado por Popes80, el mayor pico detectado por el sistema en las últimas semanas se produjo el pasado 30 de abril, cuando el nivel de alerta de seguridad alcanzó el 3,1 sobre 5, en plena escalada de tensión entre Estados Unidos e Irán, cuando el mercado llegó a temer un cierre prolongado del estrecho de Ormuz y una crisis energética global.
La premisa es, en sus propios términos, «deliberadamente paranoica»: si se acerca una catástrofe global, ya sea una guerra nuclear, un colapso financiero sistémico, o una pandemia que pudiera extinguir potencialmente a la humanidad, los más ricos de entre los ricos serían informados antes de una manera o de otra. Y cuando empiecen a moverse para intentar salvarse, sus aviones los delatarán. «Serán avisados una o dos horas antes que la gente común», escribió McDonald en la documentación del proyecto. «Esta es tu oportunidad de saberlo al mismo tiempo que ellos.»

El sistema no rastrea la flota completa de aviación civil —unos 25.000 vuelos comerciales diarios solo en Estados Unidos, según la FAA— sino una cohorte específica de jets ejecutivos identificados por modelo y código ICAO: Gulfstream G550, G650 y G700; Bombardier Global 6000 y Challenger 350; Dassault Falcon 8X; Cessna Citation X; Learjet 75. Los modelos que aparecen en los registros de propiedad de family offices, fondos soberanos y fortunas personales por encima de los 500 millones de dólares. Es decir, no se monitorea a partir de una lista de propietarios millonarios, sino que se registran los movimientos de los tipos de jets que utilizan comúnmente las élites del mundo. Los datos proceden de ADS-B Exchange, plataforma de seguimiento aéreo que, a diferencia de FlightAware o Flightradar24, no acepta solicitudes de ocultación por parte de propietarios de aeronaves; es la misma fuente que utilizó la cuenta @ElonJet para rastrear el avión de Elon Musk hasta que Twitter, ya bajo su control, la suspendió en 2022.
El algoritmo calcula desviaciones estándar comparando datos con las series históricas ponderadas por día de la semana, festividades, eventos deportivos de primer nivel y periodos vacacionales. El nivel de alerta no sube automáticamente solo porque haya más aviones en el aire, sino que el sistema solo se activa cuando detecta una anomalía estadísticamente extrema, algo que no pueda verse justificado por un periodo vacacional determinado, o un evento como la Super Bowl. El sistema establece cinco niveles de emergencia, del uno —actividad normal— al cinco, que implicaría un movimiento sin precedentes históricos comparables. En el momento de escribir este reportaje, la alerta está en uno de cinco.

Estos multimillonarios ya trabajan en un plan de emergencia
Mark Zuckerberg construye en la isla de Kauai un complejo de 270 hectáreas que incluye un búnker subterráneo con capacidad de supervivencia autónoma, según documentos de construcción obtenidos por Wired en 2023, con un presupuesto estimado superior a los 270 millones de dólares. Peter Thiel obtuvo la ciudadanía neozelandesa en 2011 y adquirió allí una finca de 477 hectáreas; Nueva Zelanda se ha convertido en destino de referencia para lo que el sociólogo Douglas Rushkoff denomina «el plan de escape de los multimillonarios de Silicon Valley«.
En 2018, el propio Rushkoff reveló que fue contratado para hablar ante un grupo de cinco gestores de fondos de cobertura que le convocaron, según creyó inicialmente, para debatir sobre el futuro tecnológico. «En realidad querían saber una sola cosa«, escribió en Medium: «cómo sobrevivir a lo que viene«. El mercado de búnkeres de lujo ha crecido un 400% desde 2020, según la firma especializada Rising S Company, con sede en Texas, cuyo producto estrella se vende entre 8 y 40 millones de dólares.

McDonald cita estos precedentes como validación indirecta de su hipótesis, y añade uno más concreto: análisis posteriores a la crisis de 2008 detectaron un incremento en vuelos privados desde Nueva York hacia las Islas Caimán y Zúrich en las 72 horas previas al colapso de Lehman Brothers, según un trabajo publicado en el Journal of Financial Economics en 2019. Si ese comportamiento es real —y los datos sugieren que lo es- un sistema de alerta temprana basado en tráfico ejecutivo tendría, al menos en teoría, capacidad de anticipación.
Hay, sin embargo, una paradoja en el corazón del proyecto. Si una élite suficientemente preparada decidiera que ha llegado el momento de evacuar, lo más probable es que no lo hiciera de forma detectable por un sistema de rastreo público. Sin embargo, otros expertos en el registro de movimientos aéreos creen que los que realmente tienen recursos no vuelan en jets registrados a su nombre, sino que utilizan sociedades holding, registros en Aruba o las Islas Marshall, y operadoras intermediarias.
Por otra parte, la cobertura ADS-B tiene además puntos ciegos geográficos significativos —el Pacífico central, amplias zonas de África y Asia Central— y los datos llegan con retrasos de hasta 30 minutos. McDonald reconoce estas limitaciones. La utilidad del sistema, argumenta, no es detectar una evacuación perfectamente orquestada, sino captar el ruido del pánico, es decir, cuándo los vuelos de los segundos ricos, los asesores, los testaferros empiezan a moverse.
El sistema ha logrado convertir datos abiertos de aviación en una suerte de infraestructura cultural para la desconfianza. En los últimos meses ha recibido picos de tráfico durante la escalada de tensión en el estrecho de Taiwán, o en el anuncio de quiebra de dos bancos regionales estadounidenses.
De los jets a las pizzas del Pentángono: detectando el fin del mundo
El sistema de McDonald no es el único intento de leer el apocalipsis en datos aparentemente banales. La cuenta @PenPizzaReport, con más de 80.000 seguidores en X, monitoriza en tiempo real la actividad en las pizzerías cercanas al Pentágono usando datos públicos de Google Maps. Se hizo especialmente famosa el pasado 12 de junio cuando registró a las 18:59 hora del este un pico inusual en cuatro establecimientos —Domino’s, District Pizza Palace, We The Pizza y Extreme Pizza—, pocas horas antes de que Israel lanzara su gran ofensiva contra Irán.
La idea tiene su origen muchos años antes, y se atribuye a espías soviéticos de los años ochenta, que vigilaban los repartos nocturnos en Washington bajo el nombre en clave «Pizzint». Cobró fama internacional cuando Frank Meeks, propietario de 43 franquicias de Domino’s en el área metropolitana, aseguró que los pedidos al Pentágono pasaron de tres a más de cien la noche anterior al inicio de la Guerra del Golfo, con 55 pizzas entregadas a la Casa Blanca y 21 a la CIA. Fue entonces cuando Wolf Blitzer resumió en CNN la lección para el periodismo: «Siempre hay que vigilar las pizzas«.
No sabemos si Penpizzareport o la aplicación que controla los vuelos de los multimillonarios del planeta serán eficaces a la hora de detectar un apocalipsis, pero lo que es seguro es que funcionan como un buen termómetro psicológico de una época en la que vivimos, casi de forma permanente, con sensación de alerta. Por ahora, los jets siguen en tierra.
