En marzo de 2024, un tribunal federal estadounidense autorizó a Kalshi, una plataforma de apuestas deportivas, a operar contratos sobre eventos políticos, como apuestas sobre resultados electorales, poniendo fin a un largo litigio con la Commodity Futures Trading Commission. La decisión no resolvió todas las disputas regulatorias, pero consolidó un modelo que llevaba años creciendo al margen del sistema financiero convencional: los mercados de predicción abiertos al público.
A principios de 2026, el mercado de predicción con cryptomonedas Polymarket -con base tecnológica en blockchain y sin licencia federal en Estados Unidos- acumulaba más de mil millones de dólares en volumen de transacciones desde su lanzamiento en 2020, con picos mensuales que han superado los cien millones en periodos de alta atención mediática. Kalshi opera con decenas de miles de usuarios activos y un catálogo que ya incluye indicadores económicos, clima, política y cultura. Contratos que se liquidan a un dólar si el evento ocurre y a cero si no, con el precio de cotización funcionando como probabilidad implícita en tiempo real. O dicho más claro: si el evento ocurre, se paga un dólar; si no, no paga nada. El precio del contrato antes de que ocurra el evento indica lo que la gente cree que va a pasar (por ejemplo, si vale 0,70, el mercado está sugiriendo que es muy probable que ocurra.
Ahora este modelo irrumpe con fuerza en la música: hay miles de fans invirtiendo en apuestas de que su artista favorito sacará un nuevo disco este año, o saldrá de gira, o será galardonado en una determinada categoría en los Grammy.

Es cierto que el segmento cultural sigue siendo minoritario en volumen —lejos de política o deporte—, pero crece de forma sostenida. Los mercados etiquetados como music o entertainment en Polymarket se han multiplicado desde 2023. Algunos contratos individuales para apuestas sobre artistas han superado los quinientos mil dólares, con volatilidades diarias superiores al diez por ciento, comparables a activos financieros de riesgo medio. Un mercado sobre si Taylor Swift lanzaría álbum antes de diciembre de 2026 superó los trescientos mil dólares en pocas semanas; otro sobre si Bad Bunny anunciaría gira europea alcanzó cifras similares. Los picos de actividad en ambos casos coincidieron con filtraciones en medios especializados y movimientos en registros de propiedad intelectual. Y es que la clave, como veremos a continuación, es la información.
Este tipo de apuestas crecen según las publicaciones del artista en redes en las que se insinúan eventos próximos, muestran subidas o caídas abruptas ante filtraciones o comentarios de los músicos o técnicos de grabación, y se estabilizan al acercarse la fecha de resolución del contrato.
En cuanto a cómo son finalmente estos contratos, los más comunes en música se agrupan en tres categorías: lanzamientos discográficos, resultados como ventas, premios o listas, y actividad, ya sean giras, colaboraciones u otros eventos. Cada categoría presenta desafíos de verificación distintos. Por ejemplo, definir si un álbum ha sido “lanzado” puede depender de criterios como disponibilidad en plataformas, formato físico o anuncio oficial por parte de la discográfica.
Una de las validaciones más claras del modelo llegó desde el deporte. En 2026, La Liga anunció una alianza plurianual con Polymarket, convirtiéndose en la primera liga de fútbol europea en firmar un acuerdo de este tipo. Según los términos del acuerdo, Polymarket operará como socio oficial y exclusivo de predicciones de La Liga en Estados Unidos y Canadá, con visibilidad en retransmisiones, programación digital y derechos para utilizar la propiedad intelectual de la liga y los clubes. La operación se enmarca en la estrategia de La Liga Norteamérica —empresa conjunta a veinte años entre la liga española y Relevent, lanzada en 2018— para captar a un público joven y multicultural en la región.
Polymarket acumula ya acuerdos similares con la MLB, la NHL, la UFC y la MLS, donde opera como mercado de predicciones oficial de la MLS Cup y la Leagues Cup. El marco de integridad deportiva, desarrollado en colaboración con Palantir Technologies y TWG AI, apunta a una de las principales objeciones regulatorias que han frenado la expansión de estas plataformas en el ámbito deportivo.

La gran cuestión: la información privilegiada manda
Ejecutivos de la industria —según declaraciones recogidas por Rolling Stone y Bloomberg— monitorizan precios y volúmenes en estas plataformas como señal complementaria, junto a métricas de streaming, ventas o engagement. No hay todavía gran influencia en las decisiones estratégicas de la industria pero cada vez se tiene más en cuenta. La diferencia respecto a otras herramientas de medición, como seguimiento de datos en Spotify o YouTube, es clara: los mercados de predicción no miden el consumo pasado sino las expectativas futuras contrastadas y respaldadas por incentivos económicos.
Un porcentaje reducido de cuentas concentra una parte significativa del volumen total de apuestas de la industria musical, un fenómeno análogo al de los mercados financieros tradicionales, con la característica de que los precios pueden ser influidos por actores con mayor capacidad de inversión. En música, esto cobra especial relevancia: a diferencia de la política o el clima, los calendarios internos de la industria —fechas de lanzamiento, acuerdos de colaboración— son conocidos por un número limitado de personas.
Reguladores y analistas han señalado el riesgo de uso de información no pública, porque a fin de cuentas quien tiene información privilegiada -por ejemplo, cualquiera que trabaje cerca de un artista- puede aprovecharse y sacar ventaja decisiva, además de manipular la propia creación de nuevos contratos.

La Hacienda española ya exige su parte: sin regular, pero las ganancias tributan
En España, el acceso directo a estas plataformas no está regulado por la Dirección General de Ordenación del Juego. En la práctica puedes apostar pero debes declarar las ganancias. La fiscalidad española trata las ganancias obtenidas en Polymarket como patrimoniales, integradas en la base del ahorro del IRPF, con tipos entre el 19% y el 28% según el importe.
El hecho imponible se genera en el momento de la venta de la posición o de la resolución del mercado, no cuando los fondos se convierten a euros. Dado que Polygon es una blockchain pública, la AEAT puede rastrear la totalidad de las operaciones, especialmente cuando el usuario pasa por un exchange con verificación de identidad para retirar fondos.
Al margen de la limitada implantación actual de este modelo en España, a medida que se implanta en otras latitudes, crece la influencia del mismo en el ecosistema artístico español. La falta de un mercado regulado local en España no impide que existan contratos sobre artistas españoles en plataformas globales, aunque sí reduce su presencia dentro del conjunto del mercado. Sin embargo, la internacionalización de la música española —con presencia en rankings globales y colaboraciones internacionales— aumenta la probabilidad de que aparezcan en mercados globales y entren esta rueda del juego y las predicciones. La industria española reúne todas las condiciones para su expansión: alta concentración en pocos éxitos, dependencia del streaming y peso elevado de las redes sociales. Artistas como Rosalía, Quevedo o Aitana aparecen de forma recurrente en contratos internacionales sobre premios europeos o presencia en festivales.
La evolución de estos mercados de apuestas culturales transcurre en paralelo a transformaciones más amplias de los activos culturales —venta de catálogos a fondos de inversión, tokenización de derechos—, con la que comparte lógica sin integrarse directamente. Por ahora, su peso en la toma de decisiones de la industria es indirecto y complementario. Su recorrido dependerá, en buena medida, de un marco regulatorio que tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea sigue sin cerrarse.
