M-Clan se comen Madrid

Lo bueno se hace esperar, y veinte minutos después de la hora prevista, en Joy Eslava, cambiaron las luces y M-Clan salieron a escena. Empezaron dando Pasos de equilibrista, pero sólo en sentido figurado porque Tarque y compañía se dejaron la piel en el escenario desde el principio.

Parecía como si estuvieran jugando a «Define un grupo y su estilo en veinte canciones», porque hicieron un repaso de toda su historia que dejó al público encantado. Por supuesto, tocaron los temas más míticos de la banda, véase Carolina, Llamando a la tierra o Maggie. También canciones de los primeros discos (regalo a los más fans) y muchas otras de su último trabajo como Inmigrante, Las palabras que me dijiste y Espantapájaros. La única pega, y sólo por ser un poco impertinente, es que no tocaron Canción de invierno, el último corte de su nuevo disco.

Hubo dos bises y también dos temas en los que compartieron escenario con el gran Carlos Raya, quien por cierto, produce el último álbum de la banda. Por casualidad, pasé todo el concierto a un par de metros de Raya y varias veces estuve a punto de acercarme y decirle que el rock español no sonaría igual sin sus manos, pero esa es otra historia.

Volviendo al concierto, hay que decir que M-Clan actuaron de manera brilante, aunque el sonido de la sala deje que desear. Creo que es difícil encontrar cantantes que transmitan tanto como Carlos Tarque, armados sólo con una pandereta. Es energía pura, da igual si te está contando que está Roto por dentro o que quiere que te quedes a dormir. Puede enseñar cada vez una cara distinta, pero siempre con una intensidad casi adictiva.

Da gusto asistir a conciertos así, salir a la madrileña calle Arenal y simplemente desearle «larga vida al rock&roll».

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