La historia Jaime Zelada está ligada a Los Brincos. En su álbum familiar, conserva fotos de recién nacido junto a ellos. Su padre compartió pupitre con Ricky Morales, y los miembros del grupo dormían en su casa cuando pasaban por Galicia. Décadas después, ese vínculo familiar se convirtió en profesional. Cuando Miguel Morales quiso reactivar el proyecto ya en el siglo XXI, llamó a músicos de confianza. Él, pianista, fue uno de ellos. La muerte de Miguel Morales en 2925 cerró esa etapa con la que Jaime Zelada tuvo ocasión de acompañar a Los Brincos por escenarios de toda España. «Hemos seguido defendiendo su memoria, pero hay que reconocer quiénes son los fundadores. Nosotros somos la banda que le acompañó y la que lleva el legado», explica hoy el pianista. Antes de ese final, sin embargo, la energía sobre el escenario era difícil de creer. «Parecía que estaban en una segunda, tercera o décima juventud. Es digno de estudio», dice. «Ensayábamos en casa de Félix Arribas, con sus nietos y los perros por ahí… pero se subían a la furgoneta y eran chavales de veinte años. Y en el escenario, inagotables».
El repertorio exigía un trabajo técnico considerable. «Hay discos como Contrabando que están llenos de detalles y arreglos: cuerdas, vientos… todo eso hay que hacerlo en directo». En las actuaciones, el momento más emotivo para el pianista llegaba con una canción que, paradójicamente, no es en realidad de Los Brincos como tal, Anduriña. «No es de Los Brincos, pero la tocamos como homenaje. A mí me emociona muchísimo. No sé si es por ser gallego, por haberla escuchado toda la vida… o por la reacción de la gente». Sin embargo, el repertorio de Los Brincos es transgeneracional y está repleto de clásicos. «En Sorbito de Champagne«, recuerda, «apenas tocamos nosotros: dejamos al público cantar, y es una emoción increíble».
Echando la vista atrás en su carrera artística, Jaime Zelada admite que su mayor deuda de gratitud es con Los Brincos, y concretamente con Miguel Morales. «Los Brincos y Miguel sin duda», explica, «y tengo la emoción añadida de que, como mi padre empezó tocando con ellos en el principio y yo estoy en el final o en su última etapa… es muy bonito que dos Jaimes Zeladas hayan estado tocando con Los Brincos, uno muy al principio y otro al final. Me dieron una gran oportunidad, sobre todo Miguel Morales que es quien me llamó para que me sumara al proyecto hace ya años».

Tennessee y la familia del escenario
En paralelo a Los Brincos, Jaime Zelada lleva veinte años como músico de otro gran grupo del pop español, Tennessee. De hecho acaban de celebrar su 45 aniversario con un gran concierto celebrado en el Movistar Arena de Madrid, donde tuvieron invitados de lujo como Javier Gurruchaga, Vicky Larraz o Ramoncín. «Más allá de los invitados, maravillosos, lo importante es verles a Tenneessee después de 45 años con esa energía y ese agradecimiento hacia los músicos. Somos como una familia», afirma.
La palabra «familia» aparece también cuando habla de las giras. «A mí el furgoneteo me encanta. Se genera una hermandad difícil de explicar. Es como ir de excursión con el colegio». Para el artista, lo que otros ven como desgaste es privilegio: «Te llevan, tienes el hotel, el restaurante… y sobre todo, aprendes de gente que tiene mucho que contar».
Fuera de las giras, con Los Brincos, con Tennessee, y con otros artistas, Jaime Zelada trabaja en espacios como Castellana 8, en Madrid, donde toca lo que el público pide en el momento, recuperando la vieja esencia del piano bar. Es otro formato pero que el artista gallego también disfruta: «A veces vienen mexicanos o venezolanos y te piden temas que no conoces. Tienes diez segundos para reaccionar. Es un trabajo de equilibrista».

En el horizonte, trabaja estos días en otro proyecto que le hace especial ilusión, está acompañando a Pablo Abraira en actuaciones de piano y voz. «Pablo Abraira, que además he descubierto hace poco que le encantaba a mi padre», recuerda el artista, que realizó algunos conciertos con él, a través de Los Brincos y, ahora vendrán más en ese formato de «piano y voz»: «le gustaron mis formas y a partir de ahí, me empezó a llamar para más cosas y ahora estoy con él tocando, por ejemplo, el 26 tocamos en Barcelona, y haremos algunas cosas en verano. «Es un mano a mano, porque es piano y voz, cosa que me encanta. A mí me gusta tocar el piano solo porque no hay nada más alrededor, puedes hacer un poco lo que quieras. Es otra manera de tocar».
El amor de Jaime Zelada a la música es total, sin matices, como demuestra tanto la variedad de colaboraciones y producciones en las que participar, como su amplio abanico de gustos musicales. Esa capacidad de adaptación responde a una posición estética deliberada: «A mí me gustan las cosas que estén bien hechas. Me da igual el estilo. El pop, el jazz, lo sinfónico… cada cosa tiene su lugar».
Sobre la IA y la transformación tecnológica del sector, mantiene una postura pragmática: «No me da miedo, porque soy intérprete. La música en directo va a seguir existiendo. Pero hay que ver hacia dónde va». Y advierte sobre las prisas en la producción y desarrollo de la tecnología: «Las cosas rápidas suelen funcionar peor que las que se hacen a fuego lento».
Entre las ventajas tecnológicas del momento, Jaime Zelada destaca lo fácil que es ahora grabar en cualquier circunstancia, incluso en casa. «Yo ahora mismo estaba grabando un tema para Tennessee», explica durante la entrevista en El Búnker, «por el 45 aniversario, que están haciendo un disco especial con invitados y no se puede contar mucho, pero hasta ahí yo creo que sí. Y lo estoy grabando ahora desde aquí. En ese sentido es comodísimo. La tecnología nos lo ha puesto fácil, no tener que ir hasta el estudio».

Un disco pendiente: un homenaje a sus padres
Con entre 15 y 20 actuaciones al mes, y proyectos activos que van desde la gira con Tennessee hasta su reciente incursión en el rock con la banda Lubak, Jaime Zelada tiene aún una tarea pendientes, algo así como una eterna tarea pendiente: su primer disco en solitario. «Está hecho. Solo falta grabarlo», dice entre ristas. El proyecto es un homenaje a sus padres. «Mi padre componía, mi madre escribía versos. He rescatado cosas suyas y las he convertido en canciones». Sin fecha aún, pero siempre en desarrollo, el artista asegura que culminarlo es un objetivo real para los próximos años.
«A mi madre le encantaba la poesía, los versos», recuerda el artista, «y dejó cosas por ahí escritas, incluso en servilletas, que yo he ido rescatando y he ido convirtiendo en canciones. Ese es mi proyecto y luego hay alguna cosa compuesta por mí, claro. Lo que me falta es el tiempo real, porque me hace mucha ilusión sacarlo adelante».
Entrevista completa a Jaime Zelada en El Búnker:
