El pasado sábado, 31 de enero, se celebraba en Granada la V edición de los premios Carmen del cine andaluz. El hotel Saray, elegantemente dispuesto, extendía la alfombra roja por donde fueron pasando las celebridades y autoridades, para seguidamente, realizar el paseíllo hasta el Palacio de Congresos, lugar donde se celebraría la gala.
Se me antoja maravilloso que precisamente la quinta gala se lleve a cabo en la ciudad de Lorca, con su cinco a las cinco, y su cinco innato desde aquel 1898. Así como que unos galardones, bautizados como Carmen, se entreguen en la ciudad de los Cármenes, no sólo por el estadio de fútbol del Granada CF, sino por las casas alhambreñas y albayzineras emblemáticas y típicas de dicha ciudad. Se le suma que es el mejor año para acoger este evento, ya que Granada se postula como candidata para ser capital europea de la cultura. Y para lograrlo, hay que dar motivos, aunque esta ciudad del sur destila miles de razones para ser elegida como máximo exponente de la cultura, el arte y la historia entre toda Europa, y si no, como comentaba para este medio Mariola Cantarero, con quien viajamos musicalmente por diferentes bandas sonoras, soprano internacional: “Ellos se lo pierden”.
La gala fue presentada por el humorista y presentador Manu Sánchez. Un Manu Sánchez que distaba mucho de su manera de presentar en sus programas. Algo impostado, un poco vulgar y palabrotero, y cayendo en lo reiterativo de criticar a algún político, aunque sea el presidente de EE.UU., entre burlas y mofas. Mi sensación es que le vino grande, o no se ajustaba a los formatos que él habitúa. Aunque provocó risas, y ya parece que eso todo lo salva.

El transcurso de la ceremonia no fue demasiado lento, pero tampoco resultó dinámico. Cabe destacar el recuerdo a las víctimas de la tragedia de Adamuz y a todos los trabajadores y ciudadanos que ayudaron. Y, por parte de la presidente de la academia del cine de Andalucía, Marta Velasco, un recordatorio emocionado y respetuoso a Juan Ramón Ferreira, quien fuera concejal de cultura de la ciudad de la Alhambra, fallecido el 31 de diciembre de 2025, que procuró que los premios Carmen de 2026 se celebraran en Granada. Marta también manifestó públicamente el apoyo a Granada 2031. Instó también a “impulsar el cine y producciones andaluzas”. En esa línea, el actor Antonio Pagudo nos respondía “que se puede apoyar más a los productores y actores noveles, reivindicaba el apoyo a las escuelas donde se forman los actores”, como le sucedió a él en sus inicios con la serie ‘Arrayán’, “fue mi escuela, mi primer plató, de mano de profesionales de Andalucía. Me gustaría que hubiera más ese tipo de escuela, más series que se produzcan aquí, para que la gente joven puede desarrollar su trabajo”.
Las notas musicales las pusieron: Antonio José, Zahara, Lagartija Nick y Rosa López, visiblemente emocionada antes de la gala, por cantar en su Granada. Versionó uno de sus primeros temas, ‘Las calles de Granada’, acompañada tan sola por un piano. Íntimo y sentido.
La película más premiada fue ‘Los Tigres’, dirigida por Alberto Rodríguez y protagonizada por Antonio de la Torre y Bárbara Lennie. Una cinta recomendable.

Y sin grandes sobresaltos concluyó una gala, con un Palacio de Congresos casi al completo, pero mucha Granada de “duende”, “literatura”, “cultura”, “tiene embrujo y te llena el alma”, “llena de inspiración”. Así la definieron para este medio algunos de los actores entrevistados.
Andalucía, de este a oeste y desde su norte serrano hasta su sur costero, es una comunidad que atrapa, de solera, autenticidad e identidad. Con vocabulario propio y rico, con ocho acentos, donde para una misma situación u objeto puede haber ocho maneras diferentes de expresarlos, o más. Es tierra de arte y escenario de películas y series, de diferentes humores y maneras de vivir, pero con la misma emoción. Es lugar de fe. Mucha. Y devoción. “Andalucía es casa. Es acoger” decía el actor Jesús Olmedo al ser entrevistado. Acoger entre sus casitas blancas, la nieve de Sierra Nevada, los campos extensos de olivos, la calidez del Mediterráneo, y el olor a Atlántico.
Y este fin de semana se ha demostrado que, por mucho que algunos etiqueten a los andaluces de vagos (aburridos y nada original calificativo), en Andalucía se trabaja, se crea, se proyecta. No es sólo tierra de cine y arte, es un lugar del que sentirse orgulloso.
“Quien no conoce Granada y viene, se va encantado. Lo bonito es que te vas de Granada y ya estás deseando volver porque engancha, no sólo la ciudad sino también su gente” compartía su reflexión sobre esta ciudad el maestro Finito de Córdoba. No se sabe si será eso lo que les sucedió a los académicos, directores, productores, actores y resto de trabajadores del mundo del séptimo arte, pero Granada repite como enclave para acoger unos premios del cine y pone su broche de oro, una vez más, tras el éxito del año pasado como sede de los Goya, y se consolida como una ciudad que apoya y ama el cine y la cultura. Sólo falta, como reivindican el actor Antonio Velázquez y Mariola Cantarero, un teatro más grande que acoja ópera y espectáculos de mayor producción y espacio escénico. Todo llegará. Mientras tanto, enhorabuena, ‘Los Tigres’ y a Granada. Por el 2031.
