Mientras el interior de Pontevedra entraba la pasada semana en alerta roja por lluvias intensas con previsiones de acumulados de hasta 120 litros por metro cuadrado en doce horas durante el paso de las últimas borrascas atlánticas, Galicia afrontó estos episodios sin cobertura directa de radar meteorológico propio en tiempo real al estar fuera de servicio el de La Coruña, el único operativo en la comunidad dentro de la red estatal. La situación coincidió con una semana marcada por avisos amarillos, naranjas y rojos en el noroeste peninsular por precipitaciones persistentes, viento y riesgo de inundaciones. El radar coruñés, el principal instrumento de vigilancia de precipitación en Galicia, figura en renovación, mientras que el sistema del entorno cantábrico también ha pasado por fases de actualización recientes, reduciendo la cobertura efectiva sobre el noroeste en momentos puntuales del episodio.
El mapa oficial de disponibilidad de la red de radares de la Agencia Estatal de Meteorología muestra además otros equipos “no disponibles” en estos momentos, justo cuando gran parte del país encadena emergencias por lluvias extremas, entre ellos el de Murcia, el de Las Palmas y el de Ciudad Real (Almagro).
El documento ténico del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, al que ha tenido acceso Popes80, y en el que se explica este plan de renovación, es un despropósito: imágenes de radares de Francia superpuestas, páginas repetidas con datos diferentes, y hasta una viñeta humorística copiada y pegada, realizada por el célebre meteorólogo Ronald E. Rinehart (meteorólogo) y el ilustrador Gary Meyer (ilustrador) para su libro Radar for Meteorologisst. La viñeta bromea precisamente con la existencia de puntos ciegos o radares inútiles por haber proliferado en exceso grandes edificios a su alrededor.





La modernización de radares forma parte de un proyecto estatal dotado con unos 64 millones de euros financiados con fondos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia y con ejecución prevista entre 2021 y 2026. El programa contempla la renovación progresiva de una red instalada en su mayor parte en la década de 1990 y la ampliación de sus capacidades de vigilancia.
Según la documentación técnica del propio organismo, el plan incluye la instalación de nuevos radares de Banda C en Tenerife, Ciudad Real, Salamanca y la cornisa cantábrica, así como el despliegue de una subred adicional de ocho radares de Banda X destinados a cubrir zonas sin alcance directo de los sistemas actuales. También se prevé el refuerzo de la red con más de 400 estaciones automáticas para validar y ajustar las mediciones.

Un radar de Banda C tiene un alcance óptimo aproximado de 100 kilómetros y útil hasta unos 150, lo que convierte su ubicación en un elemento clave para la cobertura territorial, especialmente en episodios de lluvias extremas en cortos periodos de tiempo. La actualización busca incorporar tecnología de polarización dual, ausente en buena parte de los equipos más antiguos, que permite diferenciar con mayor precisión entre lluvia, nieve o granizo y mejorar la estimación de intensidad.


El cronograma oficial del Ministerio para la Transición Ecológica sitúa la selección de nuevos emplazamientos en enero de 2023, la licitación de equipos en agosto de ese mismo año y la finalización del despliegue completo en 2026, cuando está prevista la puesta en marcha del denominado Sistema Nacional Radar 4.0 como centro integral de gestión de la red. No obstante, la instalación de algunos radares ha experimentado sucesivos retrasos. La coincidencia temporal entre el proceso de sustitución de equipos y varios episodios de precipitación intensa ha puesto el foco en la transición tecnológica de la red, especialmente en zonas como Galicia, donde la retirada temporal del radar de La Coruña ha reducido la cobertura directa en pleno periodo de temporales.

Las Palmas sigue a oscuras: retrasos tras tres años de espera
El nuevo radar meteorológico de Teno, en Tenerife, sigue sin estar operativo tras años de anuncios y retrasos acumulados. La infraestructura civil se encuentra prácticamente terminada, pero la instrumentación aún no se ha instalado, por lo que el sistema continúa sin entrar en funcionamiento real, mientras se acumulan las quejas de los ciudadanos en redes sociales y otras instancias de comunicación con el ministerio.

Su puesta en marcha es clave para Canarias porque el archipiélago ha dependido históricamente de un único radar situado en Gran Canaria, cuya capacidad de observación se ve limitada por el Teide, que genera zonas de sombra en el seguimiento de precipitaciones, especialmente en el oeste de Tenerife y en el entorno de las islas occidentales.
El proyecto de Teno busca precisamente cubrir ese vacío y permitir por primera vez una vigilancia cruzada en tiempo real, junto a la actualización del radar grancanario, que también sigue en proceso. Actualmente, la AEMET sigue mostrando Canarias como zona oscura sin radar efectivo en funcionamiento.
