El Papa León XIV, tras cumplir con una agenda apretada, ha puesto fin a la primera jornada de su viaje a España en una plaza de Lima abarrotada por más de medio millón de jóvenes. Muchos de esos rostros emocionados, expectantes, ilusionados, orantes, sumidos en la fe que se respiraba en el ambiente.

Entre otros mensajes, el Pontífice ha invitado a la juventud a ser «chispa de una humanidad nueva”.
Antes de estos y otras enseñanzas reseñables, el Santo Padre ha mantenido una conversación amigable y respetuosa con varios jóvenes. Entre las preguntas más personales se interesaban en qué santos le marcaron en su juventud, a lo que él respondió que sus referentes eran: San Agustín, por ser muy importante para toda la Iglesia; San Juan Crisóstomo, por tener una elocuencia muy hermosa; Santo Tomás de Villanueva, por su gran caridad y Santo Toribio, de quien destaca su intensa vida de oración y modelo de entrega al pueblo, especialmente a los pobres.

Con un tono alegre y gran viveza animaba a los jóvenes y todos los presentes a no tener miedo a la vida religiosa, sacerdotal o cualquier vocación religiosa, incluyendo entre vocaciones el matrimonio, al que tampoco se debe temer, ni a formar una familia.
Asimismo, proponía el silencio como solución para encontrarse y escuchar la voz de Dios. Buscar momentos de silencio, tenemos que decidir qué ruidos no nos deben distraer».
Además, entre sus respuestas, recalcó la importancia de buscar la Verdad. «En redes muchas cosas nos engañan. Buscar Siempre la verdad. Y Dios es Verdad. Y si lleva lejos de la Verdad, aleja de Dios».
Y como León XIV reconocía en la vigilia vivida, se podía encontrar perfectamente ese silencio tan necesario.
Por otro lado, animaba a transmitir el fuego vivo, a ser chispas, a arder en la fe, y ser capaces de cambiar la humanidad.
«Ser juntos sal de la tierra y luz del mundo. Misioneros del Evangelio ante las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo».
Otra misión propuesta: » Sed humanos, no apariencias sino rostros fiables, personas que buscan la justicia, que desean una vida recta y honesta». Humanos como Cristo lo fue por medio de su Hijo.
Para finalizar, y siempre teniendo el Amor de Dios como centro de nuestras vidas, exclamaba: «Cambiad la Historia con el amor. Vosotros podéis cambiar la historia, hacedlo con amor».
