La periodista venezolana Diana Carolina Ruiz ha sido la protagonista este martes en el programa El Búnker de Popes80 TV. 17 días después de la extracción de Nicolás Maduro a manos de fuerzas especiales de Estados Unidos, desde Caracas analiza la situación y relata cómo vivió aquella madrugada. La madrugada del 3 de enero el operativo norteamericano sobre la ciudad le sorprendió mientras dormía. La despertó su hija. “Me dijo: ‘Mamá, ¿qué es esto que está sonando?’. Yo pensé que eran fuegos artificiales (por las celebraciones de Año Nuevo), porque aquí la gente es loca y sigue con eso. Pero insistía: ‘No son fuegos artificiales, es un sonido largo, un zumbido grave’. Y lloraba de angustia”, al recordar el estruendo de los helicópteros sobre la ciudad.
Cuando prestó atención, lo entendió. “Ahí me di cuenta de que algo estaba pasando. No me lo podía creer. Me costó muchísimo entrar en razón”. A pesar de que muchos periodistas ya valoraban el escenario de una posible intervención, el impacto y la sorpresa fueron los mismos. «Si yo tuviera que contarle esto a un escritor como Leonardo Padrón para una serie de Netflix, le diría que nos asomamos a la ventana buscando de dónde venía ese sonido. Lo sentías muy cerca, pero no veías nada. Yo decía: ‘Los aviones son invisibles’”. El miedo fue físico: “La necesidad de agacharnos en casa por si entraba algo por la ventana. Un miedo soterrado, incontrolable, pero sin objeto concreto. Solo escuchabas esos sonidos”. «Afortunadamente yo tenía conexión a Internet», recuerda, «tenía luz, porque muchos lugares de Caracas hubo un corte de energía eléctrica. Inmediatamente comenzaron a llegarnos las imágenes, colegas comenzaron a informar y pude disponer de la información».
«La gente en Venezuela ahora habla todavía más bajito»
La palabra que más se repite ahora sobre el futuro inmediato es «incertidumbre«. “Me siento con muchísima incertidumbre, como creo que la mayoría de los venezolanos”, señala. «Estamos pisando un terreno desconocido. No tenemos antecedentes de algo así”. “Lo más cercano que tenemos en la memoria es la intentona golpista de 1992, cuando se escuchó aquel bombazo en Caracas inaugurando el año» pero «no se compara en lo más mínimo”. “Hoy se percibe normalidad en las calles, pero un silencio mucho más abrumador que antes”. Ruiz lo explica con una imagen conocida. “En Venezuela desde hace años se habla en voz baja cuando se menciona al régimen, como en Cuba. Yo jamás pensé que eso iba a ocurrir aquí”. Ese silencio se ha intensificado. “La gente habla todavía más bajito, por temor a herir sensibilidades. No sabes quién tienes al lado”. Describe un país en pleno reajuste. “Hay reencuadres en todos los sectores. Algunos abandonan posiciones, otros se esconden, otros salen y luego se recogen”.
En lo cotidiano, la vida continúa. “Los comercios están abiertos, hay transporte público y abastecimiento. Eso no pasaba los primeros días”. Recuerda el pánico inicial, ante un posible conflicto bélico más extenso: “Hubo colas kilométricas. En la cadena de farmacias más grande del país se acabaron primero los alimentos. Eso ya cesó”. Lo que no ha cesado es la contención emocional. “Hay ganas de festejar, pero contenidas. Todavía no sabemos qué va a pasar”.
@popes80_oficial Así es como se sienten los venezolanos: "Incertidumbre inmensa. Es como pisar un territorio desconocido." @dianacaroruiz_ #Venezuela #venezolanos #incertidumbre ♬ sonido original – Popes80
Sobre lo que piensan los ciudadanos sobre Donald Trump, Ruiz distingue entre percepciones. “Depende de a qué venezolanos preguntes. Los que están fuera tienen una buena percepción de Trump. Los que estamos dentro tenemos muchas dudas”. Nadie esperaba la forma en que se produjo todo: “No te esperabas los bombazos, la captura, ni que quedara Delcy Rodríguez al frente”. Para ella, Trump es una figura impredecible: “Los venezolanos lo ven como una persona enigmática, de verbo impulsivo”, aunque “tiene la fortuna de contar con Marco Rubio, que lo traduce, lo decodifica”. En su valoración más personal sobre la intervención, resalta que su mirada es pragmática. “No creo que Trump esté interesado en lograr una democracia para Venezuela lo más pronto posible. No es su problema”. Ella ve otra prioridad en el líder republicano: “Lo primero es que haya ingreso al país. El flujo de dólares estaba prácticamente agotado”. «Trump es pragmático, frontal, va al objetivo y quiere resultados”. Y señala un efecto inmediato: “Ya sabemos que se han asignado dólares para alimentos y salud. Esta semana va a ser muy movida económicamente. Probablemente la brecha cambiaria se reduzca”.
Sobre Marco Rubio, es más clara. “Por sus orígenes comprende bien la cultura latinoamericana. Sabe dónde está el vórtice de este huracán”. Cree que eso lo convierte en un mediador eficaz. “Puede traducirnos ante Trump”. Sin ingenuidad. “También tiene intereses personales. No es un secreto que aspira a la presidencia de Estados Unidos”.
«La reunión de Edmundo González con Pedro Sánchez puede tener que ver con su yerno preso»
Otro personaje que ha aparecido frecuentemente en las noticias, no siempre para bien, durante la caída de Maduro y el comienzo de la liberación de presos políticos, es el expresidente del Gobierno de España. Cuando habla de José Luis Rodríguez Zapatero, el tono de la periodista venezolana se endurece: “Zapatero ha sido importante para el régimen de Maduro, no para nosotros”. Cuestiona su historial. “Si realmente hubiera trabajado por la liberación de los presos políticos, no habríamos llegado a más de mil”. Recuerda a los muertos bajo custodia: “¿Dónde estaba Zapatero entonces? Yo no recuerdo que levantara la voz”. No le agradece nada: “Si tenía tanta influencia, este es el momento de demostrarlo. ¿Dónde está?”. Y añade con ironía: “Quizá esté muy ocupado con otros asuntos”.
Sobre Edmundo González y su sorprendente reunión con Pedro Sánchez tras reunirse con Felipe González, quien sí se ha posicionado en repetidas ocasiones contra el régimen de Maduro, Ruiz admite que los matices en esa cita son importantes. “Creo que (la reuinón con Sánchez) puede tener que ver con su yerno preso”. En Venezuela, dice con tristeza, “los presos tienen dueño”. Y su valor es político: “Esa libertad no se consigue con vigilias ni videos. Hay que recurrir a las altas esferas, tragar grueso”.
De la Delcy de las torturas a la Delcy «moderada»
En cuanto a Delcy Rodríguez, Diana Carolina Ruiz aclara que no le inspira ninguna moderación. “Delcy, de moderada no tiene absolutamente nada”. La describe como “dura, radical”, vinculada a encarcelamientos y, según múltiples testimonios, a procedimientos de tortura. “Todo depende de la presión de Estados Unidos. Bajo esa presión, cualquiera se modera”. Reconoce el cambio de discurso en la mujer que ahora está al frente de las negociaciones con Estados Unidos: “Estamos escuchando algo asombroso, desconocido”. Pero recuerda quién es. “Chávez no soportaba a Delcy. Le parecía soberbia, terca. Y menos aún le gustaba que fuera mujer. Fue Maduro el que la recolocó”.
Sobre los presos políticos, su posición es contundente. “Nunca debieron estar presos”. Le indigna la lentitud del proceso de liberación y la escrupulosa burocracia, unas medidas legales que jamás existieron a la hora de encarcelarlos velozmente: “Después de desapariciones forzadas, ahora quieren respetar procedimientos, firmas, tiempos. Aquí decimos que nos están engañando”. Pone un ejemplo concreto. “El yerno de Edmundo González estuvo más de un año sin que su esposa pudiera verlo. Ahora lo ve y la gente dice que lo soltaron. No. Solo pudo verlo”. Agradece las excarcelaciones, pero sin celebración, se niega a festejar la liberación de ciudadanos que jamás debieron ser secuestrados y encarcelados.
Pese a todo, Ruiz ve señales importantes para el futuro de Venezuela: “Se están registrando cambios”. Enumera. “Han salido más de cien presos. Jamás lo imaginamos. Vuelven grandes petroleras. Nunca pensamos que eso pasaría”. Cierra con una convicción prudente. “Creo que este es el año del cambio. No te digo que sea el de la democracia, pero sí uno de cambio económico”. Y explica por qué eso importa, “que haya dólares, que bajen los precios, que se reduzca la brecha cambiaria. Eso es lo que le cambia la vida a la gente”.
