La espera ha terminado. Ya está a la venta el doble álbum Corazones legendarios de Loquillo, cantando sus himnos en compañía de grandes artistas, y que llega acompañado de una gran gira (las entradas ya están disponibles en la web del artista). Hoy analizamos cada una de las canciones con los comentarios de Itxu Díaz.
Rock and Roll Star
Toda una generación abrazada al rock español en los primeros acordes del gran clásico de Loquillo. Se me acumulan los recuerdos en aquel vinilo gastadísimo. Esa genialidad profética firmada por Sabino Méndez. Hoy, templada, rockeada, guitarreada y elevada a leyenda inmortal de la mano de dos de los grandes del rock de los últimos veinte años: Rubén y Leiva, sí, Pereza. Justicia rockera.
Feo, fuerte y formal
Si me pides una heredera de Rock and Roll Star, el antes y el después de la leyenda –después de Liberty Balance-, no necesito ni un segundo para pensarlo, esgrimo Feo, fuerte y formal. Loquillo tiene muchas canciones que hablan de Loquillo, de su código rock, de su genética artística. Son hitos que perfilan el código de valores de un personaje nacido para la leyenda. Si la primera de esas canciones abre el disco, la segunda, el punto de inflexión de la carrera del Loco, lo marca el Feo, fuerte y formal, de autoría compañía junto al gran Carlos Segarra de Los Rebeldes; y si hubiera que buscar una continuidad entre ambas historias, caeríamos en otra declaración seminal que explica el Loquillo de 2025, con todo un bagaje de éxito a su espalda: El último clásico. Para la ocasión, Feo, fuerte, y forma, el dueto con Dani Martín, actitud y madurez. Sinceridad. Colaboración a carta cabal.
Besos robados
De entre lo más Burning, o quizá Stones, de Loquillo está Besos robados, del Morir en primavera de 1988. Y por supuesto, Coque Malla, recordemos el sonido de Los Ronaldos, era el artista más indicado para revitalizarlo hoy.
El último clásico
Había gran expectación entre los fans sobre qué canción haría Andrés Calamaro en el disco. Una posibilidad era navegar por clásicos que pudieran venirle como anillo al dedo. La otra, y eso explica la vocación de legado generacional del álbum, era aspirar al significado más profundo de todo el proyecto. Por eso la elección ofrece un resultado doblemente emocional. Por la interpretación, con esa voz cada vez más pausada –casi cansada- que exhibe ahora el genio argentino, y porque en efecto, junto a Loquillo, Calamaro representa hoy el último clásico, aquello a lo que siempre hemos de volver, mientras prendemos fuego al tiempo de la posmodernidad.
Carne para linda
En 2025, Carne para linda, sigue siendo una de las canciones de Loquillo más difíciles de interpretar. Por el desgarro rock, por las infinitas posibilidades para quien tenga voz de ilustre en la materia; tres grandes voces del rock tenemos España, a mi gusto, con esas características: Carlos Segarra, Carlos Tarque y José Manuel Casañ. Loquillo eligió a Tarque y, viendo el resultado, no hay duda alguna del acierto. Clásico elevado a las alturas en un dueto para la posteridad.
Voluntad de bien
El artista quería hacer un homenaje a la canción francesa con Voluntad de bien. Pensó que Raphael era la persona perfecta para el dueto, aunque también sería la colaboración menos predecible. De hecho, Loquillo, en su extenuante tour de medios de estos días, ha contado que no tenían un vínculo estrecho previo, pero el veterano cantante aceptó con gusto. La canción es, además, reflejo de un momento crucial en la vida personal del artista, y en el trasfondo orquestal, infinito, y emotivo de la interpretación se percibe esa voluntad de bien, esa apuesta por la pervivencia y el legado.
Cadillac solitario
Quizá el clásico más clásico de su repertorio, siempre en dura pugna con los otros clásicos más clásicos. En todo caso, es con seguridad el himno que con más acierto ha sabido hacer evolucionar Loquillo, en su interpretación vocal, a través de los años. El Cadillac es una canción completamente diferente en la voz joven de aquel disco de 1983 y en el ritmo pausado, poético, atmosférico, y mítico, del directo Salud y Rock&Roll de 2016, o de cualquiera de los conciertos de estos últimos años. El reto era enorme. Y debemos admitir que lo que se ha logrado con este dueto con Bunbury, inspiradísimo, está a otro nivel. El Cadillac solitario renacido para la gloria definitiva en Corazones legendarios, el mejor homenaje a Loquillo, y a Sabino; inolvidable: “Bueno, todos conocéis a Sabino. Él escribió esta canción y yo he tenido la suerte de poderla cantar”. Y ahora también Enrique Bunbury.
Memoria de jóvenes airados
Cuando te pregunten por qué a veces nos empeñamos en mencionar a los productores cuando abrimos las entrañas de los discos, como si fuera algo casi invisible para el oyente, puedes ponerle este Memoria de jóvenes airados con Shuarma. Extraordinario trabajo -una vez más- de Josu García en todo el álbum, que pasa a un primerísimo plano en este corte, donde el empaque acústico y la sutileza de los arreglos no le resta fuerza a esta enorme canción de Loquillo, sino que le inyecta una savia nueva.
La edad de oro
Una de esas joyas perdidas en la discografía del Loco. Siempre tuve querencia por La edad de oro, que logra sumergirte en un océano de recuerdos y sensaciones, salvajemente nostálgica. Tras la original, firmada a medias con Jaime Stinus, e incluida en Feo, fuerte y formal en 2001, se eleva en toda su grandeza aquí de la mano de Nacho Vegas.
Cruzando el paraíso
Otro de esos duetos complicados de encajar y resueltos con audacia. Cruzando el paraíso nació en el melancólico y elegante Balmoral, como un dueto épico junto a Johnny Hallyday. Reinventar el corte con otra colaboración presentaba todos los problemas del mundo y más. ¿La solución? Darle la vuelta a la idea con un dueto femenino de enorme talento rock. La interpretación de Nat Simons es sencillamente conmovedora.
Por amor
Qué ilusión nos hace esta colaboración a los fans de Loquillo que también lo somos de Los Secretos. Por amor, otra genialidad perdida en las simas de éxito de la discografía del artista, vuelve al primer plano gracias a este dueto con Los Secretos en el que todos logran encontrar un punto de encuentro entre el pop y el rock. Historia de la Edad de Oro de la música española. Para la posteridad.
No volveré a ser joven
Gabriel Sopeña llevó el demoledor poema de Gil de Biedma al rock, y una de las interpretaciones más emotivas de la carrera de Loquillo otorgaron a No volveré a ser joven el lugar emblemático de lo que el artista pretende lograr con la poesía contemporánea, especialmente en directo, frente a frente con el teatro. Gana aún más en sentimiento y hondura el dueto aflamencado con Miguel Poveda, en uno de los cortes más arriesgados del álbum, y también de los más interesantes.
El rompeolas
Hay acordes, golpes de guitarra, y rifs que nos sitúan al instante en un tiempo y un lugar. Horror, también a una edad. ¿Cuándo fue importante para ti El rompeolas? El tiempo a veces descontextualiza las canciones y las deja a un lado en el aspecto más emocional. Solo un milagro las puede hacer volver al punto de partida. El milagro esta vez es el dueto con Manolo García. Para él. En el rompeolas todavía se huele el sol.
Cuando fuimos los mejores
Momento cumbre de aquel Cuero español, más tarde reinsertada en el repertorio de las grandes ocasiones de Loquillo, como lo que es, al final, un himno generacional de una melancolía poética tamizada por los bares donde aún había bruma, nicotina, y posavasos que colgar en la pared de la habitación; quizá un pequeño homenaje a la bohemia artística de tiempos pretéritos. Como es habitual en las colaboraciones de Iván Ferreiro, su interpretación, tan personal, tan original, da un escalón más de profundidad al corte, y convierte Cuando fuimos los mejores en uno de los momentos más hechizantes de Corazones legendarios.
Rock and roll actitud
Cae como un jarro de agua, o tal vez de whisky, sobre las masas en los conciertos al primer acorde, plomo sobre gasolina, moteros, cueros y crónicas lisérgicas de Hunter S. Thompson en la Rolling Stone. Canción apabullante para escenificar que el rock es invencible. ¿Quién podría, en justicia de la historia del rock nacional, hacer este dueto? No hay otro que Miguel Ríos.
Sonríe
Firmada por Sabino Méndez, estuvo a punto de entrar en El último clásico, pero al final se coló en el repertorio de Diario de una tregua, terminada en la distancia por el milagro tecnológico y el buen hacer de Josu García en los días aciagos de la pandemia. Ahora Hinds aporta el descaro, la risa, y la jovialidad que todavía pedía la canción.
Antes de la lluvia
Una de los grandes temas de la BSO de Mujeres en pie de guerra, de Susana Koska, vuelve a los primeros puestos de la actualidad musical de Loquillo gracias al extraordinario dueto junto a Ismael Serrano, que aporta algo más que la voz, también la profundidad, la gravedad, y el sentido.
En las calles de Madrid
Vuelta al rock. Late el recuerdo de Pepe Risi. Madrid es todo y es siempre. Fue ayer, también. Un cartel festivo ilustrado por Ceesepe, al que pone voz ahora otro clásico del rock nacional, Ramoncín. Bonito cruce de caminos. Bonita celebración de seguir en la brecha.
El rey del glam
Algo extraño habríamos sentido sin en este álbum colosal y coral no estuviera El rey del glam. Y solo había una opción para el dueto, por supuesto, Alaska. Escuchar a Alaska y Loquillo cantar El rey del glam en 2025, darle un brillo nuevo al corte, saltar a la palestra sin que la nostalgia robe protagonismos a los talentos presentes, y al tiempo recordarlos jovencísimos en los videoclips llenos de ruido y saltos de los 80. A los niños que fueron del 75 les caerá como un pellizco en la memoria.
Salud y rock and roll
Loquillo y Carlos Segarra. Carlos Segarra y Loquillo. El de Los Rebeldes podría cantar casi cualquier canción de Loquillo y a nadie le sorprendería. Dos carreras distintas, dos focos y dos auditorios diferentes, pero dos lealtades iguales al rock. Imperturbables. Académicas. Morales. Y esa manera de cantar de Carlos Segarra. Salud y rock and roll: “cuero negro y algunas cicatrices”. Dos maestros.
Los buscadores
Una de las últimas genialidades –hasta el momento- del poeta Luis Alberto de Cuenca trazando versos para Loquillo es Los buscadores. Ya era una gran noticia ver el corte incluido en Corazones legendarios, pero es que con la interpretación de Kutxi Romero, de literatura nada impostada, cobra todo el sentido y el resultado es como una gran celebración de las raíces.
Rock suave
Aquel inspiradísimo momento de Sabino Méndez, Rock suave, vuelve ahora a la guerra, en la belleza de su brutalidad, en la sutileza de su aplomo, de la mano de Jorge Ilegal, que lo vive, que lo entiende, que lo defiende como propio. El dueto de dos bestias del rock.
El ritmo del garaje
Cierra el disco un auténtica virguería experimental, psicodélica y embriagadora. En el dueto con J de Los Planetas, Loquillo decide arriesgarse y desplazarse hacia los sonidos mágicos y perturbadores del rock del grupo granadino, y el resultado es una enorme sorpresa, que se presenta un como una bulliciosa metáfora: el equilibrio constante entre el respeto al clásico y la voluntad de abrir una puerta al futuro. Es algo más que una versión. Es, sospecho, una promesa.
