La investigación del accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), el más grave en la historia de la alta velocidad en España, sigue revelando fallos graves en la gestión de la emergencia y en los sistemas de control. Las últimas revelaciones apuntan a que el centro de control de ADIF había perdido por completo la localización del Alvia siniestrado, de hecho, no sabía que estaba siniestrado.

Diez minutos cruzando el túnel de Loma del Partidor con una linterna
A las 19:45, al conocer ADIF el descarrilamiento del tren Iryo en las inmediaciones de la estación de Adamuz, el centro de control ordenó la detención de todos los trenes en un rango de seguridad, siguiendo el protocolo habitual, de tres kilómetros en ambos sentidos. A esa distancia se encontraba el tren al que instantes después se dirigió el centro de control de Atocha para pedirle a su maquinista que saliera a buscar si veía algo por las vías, según ha desvelado Cuatro TV, tras varias llamadas sin respuesta al maquinista del Alvia siniestrado -que ya había fallecido-.
Mientras el maquinista cruzaba el túnel de Loma del Partidor y se dirigía por las vías en dirección a la estación de Adamuz, el centro de control logró hablar a las 19:49 horas con la interventora del Alvia siniestrado, que le informó de que tenía una herida en la cabeza y que trataría de encontrar al maquinista (aún no sabía que había muerto), algo que resultó imposible en el transcurso de la llamada.
La exclusiva ofrecida por Nacho Abad segura que el ministerio de Transportes se enteró del accidente -o al menos, de su verdadera magnitud- del Alvia de manera indirecta y tardía. Según Abad, el centro de control de Atocha no tenía constancia de la ubicación del tren Alvia y pidió al maquinista de un tren detenido unos tres kilómetros antes que lo buscara a pie, provisto únicamente de una linterna, hasta dar con los restos del siniestro.
La reconstrucción de los avisos posteriores al accidente
Según la reconstrucción que ha podido realizar Popes80, el maquinista se bajó del Alvia, y partió en torno a las 19:49 horas desde la mitad del túnel de Loma del Partidor -de 1881 metros-, caminando a oscuras hasta el final del túnel, cuando a una distancia de cerca de 800 pudo detectar el Alvia en la recta que lleva a la estación. Desde que abandonó su cabina hasta que pudo dar aviso a ADIF de que había otro tren siniestrado, se estima que pasaron entre 20 y 30 minutos.
çDe confirmarse la exclusiva de Cuatro TV y la reconstrucción cronológica estimada de Popes80, el Ministerio de Transportes no tuvo constancia de la magnitud de la tragedia ni de la ubicación exacta del Alvia siniestrado hasta que el maquinista pudo tener contacto visual directo con el tren accidentado. Casi al mismo tiempo en que el maquinista anuncia que ha encontrado el Alvia, el usuario de X Jorge Palazón es el primero en comunicar la noticia del accidente a las 20:22.

La caja negra del Iryo: «Paren el tráfico urgentemente, por favor»
Audios de la caja negra del tren Iryo muestran que el maquinista alertó de un «enganchón», expresión empleada en términos ferroviarios cuando se produce una interferencia brusca entre el tren y algún elemento de la vía o su entorno que provoca una resistencia repentina al avance del convoy, como cuando partes del tren rozan o se enganchan con componentes de la infraestructura, lo que puede sentirse como un tirón seco antes del descarrilamiento.
Además alertó también de la invasión de la vía contigua sin ser consciente de haber colisionado con otro convoy, mientras que un testimonio reciente confirma que el centro de control perdió por completo la localización del tren Alvia durante los primeros minutos tras el siniestro, sin que nadie en el mando supiera de la colisión. Los audios del tren Iryo 6189 revelan la angustiosa comunicación del maquinista con el centro de mando de Adif en Atocha.
En la primera llamada se le escucha decir: «Necesito que paren el tráfico urgentemente, por favor», mientras el interlocutor lo tranquiliza asegurando que «no hay ningún tren llegando». El conductor relata que su convoy sufrió «un enganchón a la altura de Adamuz» y, aunque no era consciente de la colisión con el Alvia, informa que tiene «el tren bloqueado» al bajarle los pantógrafos. En la segunda llamada, señala con claridad: «Comunicarles que es un descarrilamiento. Estoy invadiendo la vía contigua. Repito: descarrilamiento y estoy invadiendo la vía contigua», y solicita que se envíe «también un servicio de urgencia, bomberos y ambulancias» porque «tengo también heridos en el tren».
La ausencia de comunicación provocó decisiones excepcionales: uno de los maquinistas detenidos en la misma vía tuvo que recorrer a pie cerca de dos kilómetros hasta localizar los restos del Alvia, mientras otros trenes quedaron parados de forma preventiva a varios kilómetros del accidente. Pasajeros de convoyes cercanos también han confirmado esta versión, denunciando falta de información e improvisación en la gestión de la emergencia. Los investigadores apuntan a una combinación de fallos técnicos y operativos, así como la polémica desatención de las infraestructuras, sobre las que se reunían, como publicó Popes80, más de medio centenar de denuncias de pasajeros por temblores, ruidos, baches y averías en la línea afectada.
